domingo, septiembre 04, 2011

Cuento: Transparente


Ser madre primeriza no había sido fácil. Por eso Amanda no lo dudó cuando su suegra le ofreció quedarse con Julián una tarde de sábado. “Necesitas distraerte un rato; no has salido a ningún lado desde que nació Julián”, le dijo su suegra.

Aunque Amanda estudió administración por las razones económicas que le impusieron sus
padres, era un secreto a voces en la familia que ella soñaba con ser artista visual. Eso explica por qué lo primero que hizo ese sábado fue buscar los museos y galerías que frecuentaba en sus tiempos de soltería.

Esa tarde quedó impactada con la belleza de las fotos de Henri Cartier-Bresson en el Bellas Artes. Luego de ver la exposición y repasar una y otra vez cada una de las fotos, salió del museo y se dejó tentar por un sofisticado café. Nada la distrajo más que un mocachino hasta que fue al baño unisex y se dio cuenta de que la puerta era transparente. Aunque la música lounge y las risas de los parroquianos lograron distraerla unos segundos, no pudo ocupar el excusado. Podía declararse liberal, progre, y leer The Clinic o Blank, pero no ocupar un baño con puertas transparentes. Jamás. Menos con el sobrepeso y la celulitis ganados durante su embarazo.

Cuento: Gómez Guenchor.
Fotografía: Henri Cartier-Bresson

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